El Mundial 2026 tiene 14 selecciones con millones de cristianos perseguidos en sus países

De los 26 futbolistas que Haití llevará al Mundial 2026, solo uno duerme cada noche en su propia tierra. Los otros 25 viven fuera, porque en casa las bandas armadas secuestran a quien sea: incluidos los pastores que se atreven a abrir una iglesia en los barrios que controlan. La selección clasificó contra todo pronóstico; sus jugadores celebraron en aeropuertos extranjeros. Ninguno sabe si podrá volver a jugar en su capital.
Ese dato, contado por Evangélico Digital esta semana, es la grieta por donde se ve la otra cara de la fiesta: 14 selecciones del Mundial 2026 llegan desde países donde millones de cristianos son perseguidos cada semana. El balón rodará sobre estadios flamantes mientras, a miles de kilómetros, hermanos en la fe rezan con las puertas cerradas.
La lista cruza América Latina, Asia y Oriente Medio, según el análisis publicado este 22 de octubre. En Uzbekistán, las actividades religiosas están fuertemente controladas por el Estado y cualquier reunión de creyentes puede ser interrumpida por las autoridades sin previo aviso. No se trata de casos aislados: es el sistema el que mantiene bajo sospecha a cada congregación.
Cristianos perseguidos en México: pastores bajo la mira de los cárteles
En el continente americano, la persecución no llega con leyes religiosas, sino con balas. En México, pastores, sacerdotes católicos y líderes de comunidades cristianas son objetivo de cárteles que buscan controlar territorios enteros. La organización Puertas Abiertas documenta que el crimen organizado exige silencio y obediencia: quien predica contra la violencia, desaparece de la lista de los vivos.
La misma semana que esta noticia salía a la luz, en Aguascalientes se ofrecían 40 mil pesos por asesinar al obispo de la ciudad. No es una exageración periodística: es el precio que la violencia criminal le pone a la cabeza de un líder de fe en pleno 2026.
En zonas dominadas por tradiciones locales rígidas, además, los creyentes pueden sufrir hostigamiento o expulsión de sus propias comunidades. La presión llega por dos flancos: el cartel que quiere el territorio y el cacique que quiere la tradición intacta.
Haití: el país que clasificó al Mundial sin poder jugar en casa
Haití es el símbolo más doloroso de la lista. Amplias zonas del país están bajo control de bandas armadas que han secuestrado y asesinado a numerosos líderes religiosos y obstaculizan la labor de las iglesias en todo el territorio. Cuba, México y Nicaragua ya encabezan las listas regionales de persecución; Haití les sigue de cerca, aunque con una violencia de calle que no entiende de decretos.
Los 26 convocados son la prueba viviente de la tragedia: un solo jugador vive hoy en Haití. El resto tuvo que construir su carrera lejos, huyendo de un país donde ni los estadios están a salvo. La selección que emocionó al mundo clasificando al Mundial 2026 no tiene casa a la cual volver.
«La Santa Sede está preocupada por los ataques que tienen como objetivo repetidamente a la población civil, incluidas las comunidades cristianas, y que implican asesinatos, secuestros y la destrucción de aldeas y estructuras eclesiales» — cardenal Pietro Parolin, ante la ONU, 7 de octubre de 2026
Colombia: líderes cristianos en riesgo en zonas de grupos armados
En Colombia, la herida es parecida a la mexicana pero con otro rostro: líderes cristianos están en riesgo en las regiones controladas por grupos armados, y en comunidades indígenas los creyentes locales pueden ser rechazados o perseguidos por abandonar las creencias tradicionales. El pastor que predica paz en una zona de guerra se convierte en enemigo de todos los bandos.
El dato no es menor: Colombia competirá en el Mundial 2026 con una de las aficiones más apasionadas del planeta, mientras en las selvas del sur y en las fronteras, hermanos suyos esconden la Biblia cuando escuchan motores en la noche.
El Mundial como ventana: 14 selecciones, una sola oración
La pregunta que deja el informe es incómoda pero necesaria: ¿qué haremos los creyentes mientras el mundo canta los goles? El cardenal Parolin, secretario de Estado de la Santa Sede, denunció ante la Asamblea General de la ONU que los cristianos figuran entre las comunidades más golpeadas por los desplazamientos forzados, de la República Democrática del Congo a la región del Sahel, de Sudán a Mozambique.
Y sin embargo, en medio de la persecución, la fe no se apaga: el avivamiento juvenil que recorre América Latina en 2026 demuestra que cada generación vuelve a encontrar a Cristo incluso donde la presión es mayor. El testimonio de quienes pasaron de la violencia a la predicación recuerda que ninguna selva, ningún cartel y ninguna banda pueden encadenar un corazón que ya fue libre.
Cuando suene el himno de Haití en el primer partido, 25 jugadores cantarán pensando en una tierra que los vio nacer y no los puede recibir. Y millones de cristianos, desde Uzbekistán hasta Colombia, orarán con ellos. Esa es la verdadera selección que el Mundial 2026 nos regala: la de los que juegan su fe cada día, sin estadio y sin cámaras.
La pregunta queda abierta para cada lector: cuando el balón ruede, ¿recordaremos a los hermanos que no pueden celebrar en paz? La respuesta se escribirá en las próximas semanas, en las oraciones y en las ofrendas de quienes sí podemos hacerlo.
Preguntas frecuentes
14 selecciones, según el análisis de Evangélico Digital publicado el 22 de octubre de 2026: millones de cristianos sufren persecución en sus países de origen.
Solo uno de los 26 jugadores convocados vive en el país. Las bandas armadas controlan amplias zonas, secuestran y asesinan líderes religiosos y obstaculizan la labor de las iglesias.
En México, pastores y sacerdotes son objetivo de cárteles que controlan territorios. En Colombia, los líderes cristianos están en riesgo en zonas de grupos armados y las comunidades indígenas pueden rechazar a los creyentes.
El cardenal Pietro Parolin denunció ante la ONU el 7 de octubre que los cristianos están entre las comunidades más afectadas por ataques terroristas y desplazamientos, del Congo al Sahel.
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